Una fábula que enseña a los adultos

GaleottiViola (Violeta) tiene una nueva hermanita, que decide que se debe llamar Mimosa («porque son dos flores y los colores violeta y amarillo pegan muy bien»). Está muy contenta, aunque comprende inmediatamente que algo no funciona: su papá, su mamá y sus abuelas se comportan de un modo muy extraño.

 

Están irritados, tristes, lloran, miran al vacío, huyen o incluso se esconden. Por eso, ante todo por las reacciones de los adultos, Viola va tomando gradualmente conciencia de que Mimosa es diferente. Es diferente, pero también especial. Especial como un trebol de cuatro hojas.

 

Esta es la trama de un espléndido libro para niños de Beatrice Masini y Svjetlan Junaković («Mia sorella è un quadrifoglio» -mi hermana es un trébol de cuatro hojas-, Milán, Carthusia 2012, 32 páginas), con una dedicación elocuente: «Esta historia es para aquellos niños y aquellas personas mayores que no se contentan con ser iguales y que no tienen miedo de ser diferentes». Una historia pensada para hablar a los niños de la discapacidad y, en particular, de lo que significa para una familia aceptar el nacimiento de un niño discapacitado.

En lugar de tanta retórica vacía y altisonante, de una ideología esquizofrénica entre deseo individual y políticamente correcto, esta llamativa historia afronta con sencillez y placidez temas complejos como la diversidad y la aceptación. Y lo hace a través de la mirada, la curiosidad, los temores y la experiencia diaria de una niña que se encuentra en la delicada situación de ser una hermana: «Yo comprendí por mí misma que Mimosa era distinta de los demás niños. Pero uno no puede pedir excusa por lo que es. Así es, y eso basta».

El relato de Viola narra un encuentro y un descubrimiento; una niña que observa a su hermana, Mimosa, y su relación con ella («a veces mi hermana no me gusta, pero quizá a veces yo tampoco le gusto a ella. [...] Así estamos a la par, como sucede siempre entre hermanas»); que observa a su mamá («sé que tengo dos flores en casa» dice «y debo regarlas a las dos»), a su papá (con su aspecto de no haber dormido bien) y a los demás adultos.

Superados los celos iniciales, sólo Viola parece comprender realmente que cada uno, a su modo, es especial. Precioso como un raro trébol de cuatro hojas. Martino, su nuevo (y odioso) compañero de escuela, se burla de ella: «“Tu hermana no es normal”. Más tarde o más temprano, arreglaré cuentas con Martino. Aunque ciertamente tiene razón. Mi hermana no es normal. Es especial. Ser normal quiere decir ser igual a los demás: como los hojas de hierba, como los tréboles en un prado. Mi hermana, en cambio, es un trebol de cuatro hojas. Los tréboles de cuatro hojas son raros y son diferentes. Son diferentes porque son raros. Todos quiseran encontrar uno, pero son muy pocos los que lo logran. Los tréboles de cuatro hojas traen suerte. Nosotros tenemos la suerte de contar con uno totalmente nuestro: Mimosa, el trébol de cuatro hojas».

La historia de Viola es magnífica. Su mirada es capaz de indicarnos la dirección ante todo a nosotros los adultos trémulos.

Giulia Galeotti
31 de agosto de 2012
 
Fuente: L'Osservatore Romano. Editoriales

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