canizareslloveraantonio2Carta semanal del Sr. Cardenal Arzobispo de Valencia 

Jueves 1 de Enero de 2014.

Iniciamos la andadura de un nuevo año. En este comienzo, ¿con qué otra palabra mejor podría dirigirme a vosotros que con una palabra de felicitación? ¡"Feliz año nuevo", pues, para todos vosotros! Desearía en estos días poder cruzar el umbral de todas las casas, especialmente en las que la enfermedad, el sufrimiento, la pobreza, el dolor o la soledad dejan sentir su peso, y llevar a todos una palabra de consuelo, de fortaleza y de esperanza. 

La felicidad que os deseo es inseparable de la paz. Por eso también mis palabras en estos primeros días del año son: ¡"La paz sea con vosotros; la paz sea con todos, con esta tierra en la que ha nacido el que es y trae la Paz: Jesús"! No es posible un deseo más fundamental que éste. Que el Señor nos libre de todo odio, de toda violencia, de toda destrucción de vidas humanas, de todo mal que se oponga a la paz. Que Él nos conceda aquella paz que sólo El mismo nos puede dar. 

Se trata de la plenitud de la paz, radicada en la reconciliación con Dios mismo y en el favor con que Él nos colma. La paz interior que comparten los hermanos mediante el amor y la comunicación fraterna. El "mundo" por sí solo no puede darnos esta paz. Por eso la pedimos para el mundo. Para el hombre en el mundo. Para todos los hombres, para todos los pueblos y naciones, para los pueblos que no la tienen: Siria, Irak..., y tantos otros donde la violencia y la intransigencia se muestran con una crueldad sin nombre. ¡Que este nuevo año sea año de paz, para que los hombres y los pueblos puedan vivir en la verdadera libertad de los hijos de Dios! 
Comienzos de un nuevo año: necesidades y problemas, proyectos y empresas, anhelos e ilusiones, esperanzas y temores se agolpan ante nosotros. Espontáneamente, como hombres de fe, sentimos la necesidad de suplicar la ayuda y el favor de Dios sobre nosotros, sobre todos y cada uno de los hombres, sobre la sociedad y sobre la Iglesia, sobre nuestras familias y nuestros pueblos con sus dificultades, sus expectativas y sus inquietudes. 

Necesitamos el auxilio y el favor de Dios ante los problemas de la paz en el mundo, tan rota y amenazada en tantos sitios. Necesitamos la ayuda divina ante la ingente tarea de evangelizar a los pobres que nos apremia. Necesitamos la fuerza y la sabiduría de lo alto para ayudar a que los hombres crean. Confesamos que sin Dios nada podemos hacer, que todas nuestras empresas nos las realiza Él, que nada verdaderamente digno podríamos llevar a cabo si no contamos con su amor y su gracia, que todo bien es don suyo, que lo más preciado como es la vida, la salud y la dicha son dones de su amor. Pedimos que se haga su voluntad: es lo mejor que podemos pedir, porque su voluntad es la que vemos en Jesús y, siempre y en todo, esa voluntad es benevolencia, amor, salvación, misericordia, gracia y vida. Que Él realice entre nosotros y con nosotros su designio: designio de paz y no de aflicción, designio de amor y felicidad, designio de conversión y redención, designio de luz y de verdad para todo hombre que viene o está en este mundo. Invocamos su santo Nombre y le rogamos que nos alcance y colme su copiosa e inagotable bendición.

Nuevo año: tiempo de oración. Todos debemos orar. Sin la oración nada podemos hacer, porque nada podemos llevar a cabo sin Dios. Todos necesitamos volver al Señor, encontrarnos con Él, escucharle, tratar con Él, familiarizarnos con su querer, conocerle más y mejor, vivir la experiencia de su amor y de su cercanía, gozar de su gracia, para hacer y acoger su voluntad que es con mucho lo mejor. No cesemos de orar. Es preciso, absolutamente necesario, como nos dice Jesús, "orar en todo tiempo y sin desfallecer". Necesitamos orar para acercarnos al hombre, a todo hombre. Es la oración la garantía de la recuperación de lo humano, que sólo en Dios encuentra su fundamento y su verdad. Con mi afecto y bendición para todos. 

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Carta semanal del Sr. Cardenal Arzobispo
xmas

Es Navidad: Deseo a todos paz y alegría de corazón, en tiempos que no faltan motivos para la tristeza y la desesperanza, o en días, como los navideños, en los que todo parece ya de por sí alegría. Paz en tiempos en que ésta se encuentra amenazada por la violencia, por el terrorismo, por tantas y tantas cosas contrarias a ella; y en los que la alegría verdadera es sustituida por sucedáneos.

canizareslloveraantonio2Carta semanal del Sr. Cardenal Arzobispo de Valencia 

Domingo 21 de Diciembre de 2014.

Queridos hermanos y hermanas, queridísimas familias, muy queridos sacerdotes y personas consagradas: Me dirijo y os escribo a todos, a toda la comunidad diocesana para convocaros a los actos que celebraremos, D.m., en plena Navidad, el sábado 27 de este mes de diciembre en la víspera del domingo de la Sagrada Familia, fiesta también del don inmenso de todas las familias, para dar gracias por este don, pedir la ayuda de Dios sobre toda familia y reafirmar el valor, la belleza y la grandeza de la familia. Os convoco a reunirnos como los últimos años, aquí en Valencia, venidos desde todas las partes y pueblos de la diócesis, conforme al programa establecido, a compartir gozosamente la alegría grande, indescriptible, verdadera, de este día: el día de la sagrada Familia, el día de la Familia. Es un inmenso regalo de Dios, la familia es un maravilloso don divino. Es lo mejor que tenemos. ¿Qué sería de nosotros sin nuestras familias? ¡Gracias a todos, gracias a las familias, gracias a Dios! 

Esta celebración, en nuestra diócesis de Valencia, habremos de intentar que sea una gran fiesta de la fe de las familias cristianas en Dios que es Amor; una gran fiesta de gozo y de humanidad compartida con todos los que, con nosotros, apuestan por la familia, creen en la familia, viven en familia y la defienden. La concentración y celebración de las familias el día 27 habrá de constituir una gran proclamación para todo el mundo del Evangelio de la familia, santuario del amor y de la vida, escuela de paz, cimiento imprescindible para una nueva civilización del amor. Ese día será una ocasión preciosa para afirmar vibrante y gozosamente, con certeza y valentía, la gran verdad de la familia; ese día expresaremos y manifestaremos, sin poder callarlo, la gran seguridad, la fundada esperanza de que en la familia está el futuro de la humanidad y de cada hombre. Esa reunión de las familias cristianas valencianas, esa asamblea de miles y miles de familias será el gran canto jubiloso de esperanza que se encuentra en la identidad de la familia y de su base y fundamento, que es el matrimonio entre un hombre y una mujer, abierto a la vida, icono de la alianza nupcial de Dios. Aquel encuentro masivo de familias la víspera del domingo de la Sagrada Familia será, sin duda, el testimonio más cierto de que nuestra sociedad valenciana, de que la Iglesia en Valencia unida a toda la Iglesia, tiene futuro porque apostamos por la familia, pequeña iglesia doméstica, signo y morada del Amor, que es Dios. 

Haciendo nuestras las palabras del Santo Padre Benedicto XVI, en el inolvidable Encuentro Mundial de las familias en Valencia, nos congregaremos, "como una comunidad que agradece y da testimonio con júbilo de que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios para amar y que sólo se realiza plenamente a sí mismo cuando hace entrega sincera de sí a los demás. La familia es el ámbito privilegiado donde la persona aprende a dar y a recibir amor". Por eso, tenemos la plena seguridad de que la promoción, fortalecimiento y defensa de la familia, en su verdad inscrita en la naturaleza del hombre por el Creador, es la base para una nueva cultura del amor. Es el centro de la "nueva civilización del amor". Sabemos que lo que es contrario a esa nueva cultura, a esa nueva civilización, y por tanto contrario a la familia, es contrario a toda la verdad sobre el hombre y al mismo hombre, constituye una amenaza para él. Estamos convencidos que sólo la defensa y afirmación de la familia abrirá el camino, necesario y urgente, hacia la civilización del amor, hacia la afirmación del hombre y su dignidad, hacia la cultura de la vida superando la tenebrosa cultura de la muerte que con tanto poderío nos amenaza. 

Es cierto, vivimos tiempos no fáciles para las familias. La institución familiar se ha convertido en blanco de contradicción: por una parte, es la institución social más valorada en los sondeos de opinión, y, por otra, está siendo sacudida en sus cimientos por graves amenazas claras y sutiles, incluso con legislaciones que no la favorecen como se debiera hacer. La familia se ve acechada hoy, en nuestra cultura y en nuestra sociedad, por un sinfín de graves dificultades, al tiempo que sufre incluso ataques de gran calado, que a nadie se nos oculta. Esta situación es tan delicada, tan grave y de tan graves consecuencias para el futuro del hombre y de la sociedad, que, hoy sin duda, se puede considerar la estabilidad del matrimonio y la salvaguardia y defensa de la familia, su apoyo y reconocimiento público, como el primer problema social. Cuando se ataca, se deteriora, o no se defiende o protege la familia se pervierten las relaciones humanas más sagradas, se llena la historia de muchos hombres y mujeres –en todas las edades– con sufrimiento y desesperanza, y se proyecta una amarga sombra de soledad y desamor sobre la historia colectiva y sobre toda la vida social. La familia debería ser la primera y gran prioridad mundial. Por eso es preciso y apremiante defender y afirmar la familia, como el día 27 haremos. Ante tantas dificultades, la familia es una esperanza grande; en la familia están grandes motivos para el futuro.

Son muchas, sí, las dificultades; a veces, hasta pueden escasear nuestras fuerzas, o debilitarse nuestros ánimos; pero no temamos, no tengamos miedo; contamos con el auxilio, fuerza y fortaleza de Dios. Y lo invocamos, y nos confiamos a sus manos: ¿Qué manos mejores, más amorosas y más fuertes que las suyas? El auxilio nos viene de Él. ¡No tengamos miedo! ¡Abramos las puertas de las familias a Cristo, sólo Él sabe lo que hay en el corazón de las familias! ¡Gracias a todos! ¡Ánimo! ¡Reclamemos nuestros derechos inviolables que corresponden a las familias, reclamemos la protección que se les debe! ¡Adelante!: el Señor está con vosotros, está con vuestras familias, está con todas las familias, a todas las quiere, por todas vela, a todas acompaña, a ninguna le niega su auxilio! ¡Confiemos en Él! 

Os convoco, pues, con todas mis fuerzas, con todo mi afecto, corazón y responsabilidad, a que no faltéis a este encuentro diocesano de las familias el sábado 27 de este mes de diciembre. Os ruego encarecidamente vuestra asistencia y participación. ¡Venid todos!, padres y madres, hijos de todas las edades –niños, jóvenes y adultos–, abuelos... ¡Acudid juntos de todas las parroquias! 

Pido a párrocos, sacerdotes, religiosos, religiosas, asociaciones familiares, movimientos apostólicos de laicos y de la familia, comunidades cristianas de distintos carismas, a las comunidades neocatecumenales, a los miembros y familias del Opus Dei, a los colegios diocesanos y a los colegios y escuelas católicas, a las asociaciones de padres de alumnos, a los niños y jóvenes de los Juniors con sus padres,... a todos, os ruego que no estéis ausentes, que no faltéis. Será muy gozoso juntarnos, vernos y reunirnos todos, compartir juntos el gozo y la alegría del gran don de la familia, compartir la oración que Dios espera y acoge, la Eucaristía que nos hace ser Iglesia, que nos hace ser uno, que nos hace vivir el amor sin límites de Dios en el que radica el fundamento y la alegría de la familia, asentada sobre la verdad que la constituye. 
Os espero a todos: Dios, la Sagrada Familia de Nazaret -Jesús, María y José- nos espera a todos. 

Unido en plegaria y acción de gracias por el don de Dios de las familias, con mis mejores deseos para todas las familias, con mi bendición y mi abrazo de padre, pastor, servidor vuestro y hermano de todos.

+Antonio Cañizares Llovera
Cardenal Arzobispo de Valencia

 
 

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