Arzobispo de Los Angeles, la arquidiócesis más poblada de Estados Unidos y el primer Arzobispo hispano en ocupar esta importante sede.

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Les escribo desde Chicago, donde los obispos de Estados Unidos están terminando un retiro espiritual de una semana que el Papa Francisco nos recomendó hacer.

 

El retiro ha sido dirigido por el predicador de la casa papal, el Padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., quien está centrando nuestra atención en la vocación y responsabilidad que los obispos tienen en este momento en la Iglesia.

Estamos orando juntos como un signo visible de nuestra unidad como obispos y de nuestra comunión con el Santo Padre. Estamos viviendo aquí un espíritu de colegialidad y un firme compromiso de abordar las causas de la crisis de abuso que estamos enfrentando y de continuar el trabajo de renovación de la Iglesia.

En el primer día del retiro, el Papa Francisco les envió a los obispos una larga y desafiante carta. Concluyó con una cita de la Santa Madre Teresa. Quiero compartirla con ustedes:

“Sí, tengo muchas fallas y deficiencias humanas… Pero Dios se inclina hacia nosotros y nos utiliza, a ustedes y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo; Él carga con nuestros pecados, con nuestros problemas y nuestras faltas. Él cuenta con nosotros para amar al mundo y para mostrarle cuánto lo ama. Si nos preocupamos demasiado por nosotros mismos, no tendremos tiempo qué dedicarle a los demás”.

Ahora que comenzamos un nuevo año, creo que este es un punto de reflexión importante para todos nosotros y especialmente para aquellos de nosotros que ocupamos posiciones de liderazgo.

Ninguno de nosotros es perfecto y aquí en la tierra, ninguno lo será. Nosotros pecamos, cometemos errores, hacemos daño a otras personas. En cada misa, hacemos la misma confesión: “He pecado… de pensamiento, palabra, obra y omisión”. En esta vida, nunca habrá un día en que eso no sea cierto.

Dios sabe esto de nosotros. Él conoce el corazón de ustedes y el mío, mejor que nosotros mismos. Jesús no vino por los justos, sino para salvar a los pecadores. Y eso se refiere a cada uno de nosotros. Ese es el misterio del amor de Dios por nosotros: que aunque somos pecadores, Él viene a cargar con nuestros pecados, a morir por nosotros y a traernos el perdón.

Esto no excusa los pecados o crímenes o el daño que se les hace a los demás. Todos deben rendir cuentas y hacer reparación por los errores que cometen.

Pero hemos de recordar que Dios está con nosotros en nuestras aflicciones y luchas. Él siempre se inclina para acercarse a nosotros, para levantarnos. Él conoce nuestras fallas y fracasos y aun así nos llama a cada uno de nosotros a hacer su obra en el mundo. Qué hermoso pensamiento nos ofrece la Madre Teresa: “Él cuenta con nosotros para amar al mundo y para mostrarle cuánto lo ama”.

A lo largo del retiro, el Padre Cantalamessa nos pidió que reflexionáramos sobre las palabras de la antigua oración, “Veni Creator”.

Necesitamos confiar más en el Espíritu Santo. Tenemos que confiar en que siempre estamos viviendo en la presencia amorosa de Dios.

Dios nunca nos abandonará ni nos dejará solos. Tenemos que llamarlo personal y constantemente. Necesitamos pedirle al Espíritu Santo que venga a nosotros: “…y llena de la divina gracia los corazones, que Tú mismo creaste”, como dice la oración.

Tenemos que vivir más y más, apoyándonos en la virtud de la esperanza, con nuestros ojos puestos en el cielo mientras trabajamos por el Reino de Dios en la Tierra. Nuestra esperanza está en Jesús y en su promesa de que si lo seguimos, Él nos mostrará el camino a la vida eterna.

Entonces, ahora es el momento para que vivamos verdaderamente nuestra fe en Jesucristo, con un nuevo entendimiento, con un nuevo compromiso y un nuevo amor.

Estos han sido algunos de mis pensamientos y reflexiones durante este retiro. Mi oración y mi penitencia de esta semana han sido ofrecidas por las víctimas y sobrevivientes de abusos, para que Dios pueda ayudarles a encontrar nuevamente la sanación y la plenitud.

También he estado orando para que todos nosotros, y especialmente nuestros líderes, tengamos una mejor comprensión del problema de la inmigración, ya que esta es la “Semana Nacional de la Migración”, designada por los obispos de Estados Unidos.

Como sabemos, el gobierno federal está parcialmente cerrado y el punto central de esto tiene relación con la inmigración.

Por lo tanto, tenemos que seguir orando y trabajando para ayudar a nuestros líderes a ver su responsabilidad de dejar de lado las consideraciones políticas y unirse para hacer lo correcto, arreglando el sistema de inmigración de nuestra nación que desde hace mucho tiempo es deficiente.

Oren por nuestros líderes esta semana. Y por favor, oren por mí y por mis hermanos obispos; yo estaré orando por ustedes.

Y recurramos a nuestra Santísima Madre María para pedirle su intercesión y aprender de su ejemplo. Que ella nos ayude a hacer de este nuevo año un tiempo de esperanza y una nueva oportunidad para amar y servir a Dios.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)

  

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