Arzobispo de Los Angeles, la arquidiócesis más poblada de Estados Unidos y el primer Arzobispo hispano en ocupar esta importante sede.

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El pasado fin de semana tuve la alegría de celebrar el Día Mundial del Matrimonio y de presidir la renovación de las promesas matrimoniales de 64 parejas, inclusive una pareja que ha estado casada durante 71 años.

Fue un momento hermoso y conmovedor para mí el de orar con estas parejas y apoyarlas en su intento de crecer en santidad como esposos y esposas.

El matrimonio fue también el tema de la reunión interregional anual del Consejo Pastoral de la Arquidiócesis, a la que también asistí este fin de semana.

Estoy muy agradecido de que el consejo pastoral me haya estado ayudando en nuestros esfuerzos por fortalecer el matrimonio y la familia, lo cual es una de mis prioridades pastorales para la Arquidiócesis.

Siempre estamos buscando “prácticas mejores” y nuevas maneras de proclamar la hermosa visión que la Iglesia tiene del matrimonio.

Encontrarán muchos excelentes recursos en nuestro sitio web, www.la-archdiocese.org/org/familylife, inclusive una guía de estudio que hemos desarrollado sobre la exhortación del Papa Francisco “La alegría del amor”.

El matrimonio es un “misterio” en el plan de Dios para la creación, en el plan de Dios para la vida humana.

En lo personal, creo que esta es la contribución más importante de “La Alegría del Amor”. Porque el Papa nos ayuda a ver que, en el plan de Dios, hay algo sagrado, algo maravilloso en esa relación permanente y portadora de vida que se da entre el hombre y la mujer en el matrimonio.

Jesús declaró que el matrimonio existió en el plan de Dios “desde el principio”.

Y Jesús nos enseña que Dios es el autor de todo matrimonio y que él es quien le da a cada pareja una vocación: la de vivir su amor hasta que la muerte los separe, la de entregarse en el amor y renovar la faz de la tierra con sus hijos, que son frutos de su amor y del precioso amor de nuestro Creador.

Creo que es importante para nosotros proporcionar realmente una ayuda práctica para las parejas y para las familias.

Necesitamos fortalecer los buenos matrimonios y las buenas familias, y elevarlas como modelos para los demás, especialmente para nuestros jóvenes. Tenemos que mostrarles a nuestros jóvenes lo hermoso que es estar casados y empezar una familia, lo hermoso que es compartir el plan de Dios para la humanidad.

Creo que también es importante que nosotros fortalezcamos la preparación para el matrimonio, buscando nuevas maneras de preparar a la gente para que sean buenos esposos, buenas esposas y buenos padres. Necesitamos también extender una mano misericordiosa y comprensiva para cuidar de aquellos que están luchando con situaciones familiares que son complicadas.

Pero he estado pensando cada vez con mayor frecuencia que necesitamos restaurar el sentido de “misterio” dentro de nuestras enseñanzas sobre el matrimonio. Necesitamos ayudarle a nuestra gente a entender que el matrimonio es parte de algo más grande que todos nosotros. Es parte del misterio de la creación, parte del misterioso plan de amor de Dios.

Cada vez me siento más convencido de que necesitamos ayudar a la gente a ver cómo el misterio del matrimonio está atado al misterio de la vida humana, al misterio de la persona humana hecha a imagen de Dios.

Con demasiada frecuencia, lo que la Iglesia nos enseña sobre el matrimonio se reduce a las normas y reglamentos que lo rigen. Pero el matrimonio es un “gran misterio”, como dijo una vez San Pablo.

El matrimonio tiene que ver con Jesucristo y con su hermoso plan para nuestras vidas.

Lo que la Iglesia enseña y proclama es la alegría del amor humano, la verdad de que el hombre y la mujer están hechos para reunirse en un encuentro que refleja el amor de Dios, que forma parte de su plan para la familia humana.

Proclamamos que a través de la unión matrimonial del hombre y de la mujer en “una sola carne”, ellos son capaces de participar del propio poder creador de Dios, generando nueva vida, generando hijos que llevan también la imagen de Dios. Esto es algo maravilloso.

Dios quiere que seamos sus compañeros, sus co-creadores. Por eso Dios creó a la persona humana a su imagen como hombre y mujer. Él llama a los hombres y a las mujeres a compartir, a través de la unión de sus cuerpos en el matrimonio, en su propia divinidad y en su obra creadora. A través de la unión matrimonial de sus cuerpos, el esposo y la esposa participan del propio poder de Dios, creando con él hijos e hijas que también llevan la imagen de Dios.

En nuestra sociedad, necesitamos redescubrir el auténtico significado del matrimonio. Pero, para que eso suceda, tenemos que redescubrir en nuestra Iglesia el misterio del matrimonio y el lugar que el matrimonio tiene en el plan de Dios para la creación y para la felicidad humana.

Oren por mí esta semana, que yo estoy orando por ustedes. Y oremos de manera especial esta semana por los esposos y las esposas que buscan vivir su vocación al matrimonio.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que interceda por nosotros, para que todos podamos llegar a una nueva apreciación del matrimonio y de la familia como los cimientos de una sociedad y de una cultura verdaderamente humanas.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)

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