Arzobispo de Los Angeles, la arquidiócesis más poblada de Estados Unidos y el primer Arzobispo hispano en ocupar esta importante sede.

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El Adviento es un tiempo para renovar nuestra conciencia de la presencia de Dios en nuestras vidas.

Las lecturas bíblicas que escuchamos al principio del Adviento tratan acerca de “despertar” y de “estar alertas”. Hay una razón para ello.

Creo que todos hemos tenido la experiencia de sentir que estamos caminando como “sonámbulos” a través de la vida: haciendo todos los días las mismas cosas, una y otra vez, cumpliendo con nuestros deberes, realizando las mismas tareas, sin pensar demasiado en ello.

Incluso nuestra vida espiritual puede volverse sólo una rutina, limitándose a la realización de acciones externas, repitiendo nuestras oraciones, sin pensar mucho en ellas o sin sentirlas vivencialmente. No importa quiénes seamos, todos podemos llegar a sentirnos así en determinados momentos de nuestras vidas.

De modo que necesitamos un nuevo inicio, un renovado comienzo. Eso es el Adviento. En esta temporada de Adviento, la Iglesia prepara una especie de llamada a “despertar” de nuestro letargo, para ayudarnos a recobrar el sentido de asombro, la capacidad de maravillarnos que deberíamos tener en nuestras vidas.

El milagro de la Navidad que estamos esperando es el milagro del amor de Dios hacia nosotros, la maravillosa verdad de que él ha venido a caminar con nosotros y a compartir su vida con nosotros.
La presencia de Dios en nuestras vidas no es algo abstracto ni vago.

Nuestro Dios es un Dios personal. Esto es lo que significa la Encarnación. Jesús tomó carne humana para convertirse en uno de nosotros, para volverse uno con nosotros. Él se ha unido a cada uno de nosotros. Eso significa que él está presente personalmente en la vida de ustedes y en la mía, y también en la vida de toda persona.

Él está presente en cada momento de nuestras vidas. En las personas con las que nos encontramos, en las situaciones que se nos presentan cada día. Pero a veces lo perdemos de vista porque no estamos prestando atención, porque nos distraemos demasiado con el asunto de vivir, porque a veces estamos “durmiendo” y no podemos reconocerlo.

“¡Por lo tanto, manténganse despiertos!”, nos dice Jesús en el Evangelio que da comienzo al tiempo de Adviento.

Estar “despierto” significa prestar atención.

Nuestro mundo está lleno de signos de la presencia amorosa de Dios. Dios está en todas partes. Él está involucrado en nuestras vidas y está tomando parte en los acontecimientos del mundo. Nuestro desafío es abrir nuestros ojos para verlo, abrir nuestros oídos para escuchar su voz y abrir nuestros corazones para vivir en su presencia y para hacer su voluntad.

Entonces, permitamos que estas semanas de Adviento nos lleven a una nueva concientización de la presencia de Dios y de su amistad.

Una manera en la que puede crecer nuestra conciencia de Dios es pasar más tiempo leyendo los Evangelios. Necesitamos leer la vida de Jesús como si fuera una carta que él nos está escribiendo personalmente como a sus amigos. Pídanle que les hable desde su Palabra. Cuando aprendemos a leer de esta manera, sentimos lo cerca que está de nosotros, sentimos su amor y el cuidado que tiene de nosotros. Nos damos cuenta de que él está recorriendo con nosotros el camino de nuestra vida.

Otra manera de crecer en nuestra conciencia de Dios es servir a los demás por medio de las obras de misericordia y de caridad. Cuando vamos caminando por el camino del servicio, estamos acercándonos más a Dios. Cada persona con la que nos encontramos lleva la imagen de Dios y es un hijo de Dios tal como nosotros lo somos. Pero Jesús viene a nosotros de una manera especial en aquellos que son pobres y vulnerables y en quienes sufren la injusticia.

Deberíamos tener el hábito de recordarnos constantemente a nosotros mismos que Dios está con nosotros, que estamos bajo su mirada en todo momento. No importa donde estemos o que sea lo que estemos haciendo.

Debemos hablar con Dios todo el día en nuestros corazones. Pídanle que los guíe, que les muestre el camino a seguir y lo que ustedes deberían hacer. Cuando oramos, nos hacemos conscientes de que Dios nos está escuchando, de que él está llamándonos a abrir nuestros corazones y a responder a su amor.

A algunas personas les gusta llevar un pequeño “diario de Adviento”, y tomar cada día un minuto para anotar los diferentes momentos en que sintieron la presencia amorosa de Dios durante el transcurso del día. Eso podría ser una buena idea para nosotros también.

Oren por mí esta semana y yo estaré orando por ustedes. Y juntos, tratemos de pasar estas semanas de Adviento tratando de estar más despiertos, más atentos a la presencia amorosa de Dios.

Pidámosle a nuestra Santísima Virgen María que nos acompañe en este viaje del Adviento. E implorémosle que nos ayude a encontrar a Jesús en las realidades cotidianas de nuestras vidas.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)

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