NovenaFranciscoJavier 231115

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Eterno Dios, Creador de todas las cosas : acuérdate que Tú creaste las almas de todos los hombres, haciéndolas a tu imagen y semejanza. Mira, Señor, cuántos mueren sin conocerte. Acuérdate, Padre celestial, de tu Hijo Jesucristo, que derramando libremente su sangre, padeció por ellos. No permitas que sea tu Hijo por más tiempo menospreciado e ignorado por los no creyentes, sino que sea reconocido con los ruegos y oraciones de tus escogidos los Santos y de la Iglesia, Esposa bendita de tu mismo Hijo. Acuérdate de todos los hombres y mujeres que no creen en ti. Haz que ellos conozcan también al que enviaste, Jesucristo, tu Hijo, que es salvación, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos; a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Aquí se reza un Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Luego la reflexión correspondiente al día de la Novena
Después de la reflexión correspondiente a cada día, se pide la gracia que se desee conseguir.
Por último se rezan las dos siguientes oraciones:

ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS

Amabilísimo y amantísimo San Francisco Javier: adoro contigo humildemente a la Divina Majestad y le doy gracias por los singulares dones de gracia que te concedió en vida y por la gloria de que ya gozas. Te suplico con todo el afecto de mi alma, me consigas por tu poderosa intercesión, la gracia importantísima de vivir y morir santamente. Te pido también que me alcances la gracia especial que pido en esta novena...(aquí se piden las gracias espirituales y temporales que se desean). Y si lo que pido no conviene a la mayor gloria de Dios y bien de mi alma, quiero alcanzar lo que para eso fuere más conveniente. Amén.

ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que quisiste agregar a tu Iglesia las naciones de las Indias por la predicación y por los milagros de San Francisco Javier: concédenos a los que veneramos la gloria de sus insignes merecimientos, que imitemos, también los ejemplos de sus heroicas virtudes. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

 

DIA 6
Confianza en la providencia
Un rasgo fuerte y muy característico es la confianza absoluta, ciega, total en Dios y cuyo secreto está en la voluntad, en la determinación firme de querer servir a Dios por encima de todas las criaturas -el principio y fundamento ignaciano-; esta confianza le hace relativizar y superar miedos, trabajos, peligros, riesgos, incertidumbres.
Cuando sus amigos tratan de disuadirlo de emprender uno de sus viajes misioneros a China y Japón debido a lo peligroso de la travesía, él les responde:  “Me sorprendo al ver la poca fe que tienen, pues Dios nuestro Señor tiene mando y poder sobre las tempestades del mar de la China y Japón, que son las mayores que hasta ahora se han visto; y poderoso sobre todos los vientos y bajos, que hay muchos, a lo que dicen, donde se pierden muchos navíos. Tiene Dios nuestro Señor poder y mando sobre todos los ladrones del mar, que hay tantos que es cosa de espanto. Como Dios nuestro Señor tiene poder sobre todos éstos, de ninguno tengo miedo, sino de Dios que me dé algún castigo por ser negligente en su servicio, inhábil e inútil para acrecentar el nombre de Jesucristo entre gentes que no lo conocen. Todos los otros miedos, peligros y trabajos que me dicen mis amigos, los tengo en nada
Tal es la conciencia que tiene San Francisco Javier acerca de la importancia de la confianza en Dios, que en otra de sus cartas, expresa:  “El mayor de los peligros es  dejar de esperar y confiar en la misericordia de Dios ... pues desconfiar ahora de su misericordia y poder... es mucho mayor peligro de lo que son los males que nos pueden hacer todos lo enemigos de Dios... Considerando estos peligros del alma que son mucho mayores que los del cuerpo, considero  que es más seguro y más cierto pasar por los peligros corporales, antes que ser comprendido delante de Dios en los peligros espirituales. Porque “si Dios está con  nosotros, ¿quién tendrá victoria contra nosotros?” (Rom 8, 31).  
Oración
Dios y Padre protector, que vistes a los lirios del campo con los vestidos más hermosos y que das a las aves del cielo su sustento diario sin que ellas te lo pidan, enséñame a entregarme confiadamente a tu providencia, como lo hizo tu siervo San Francisco Javier.
Tu Hijo Jesucristo nos enseñó que todo lo que pidiéramos con insistencia y en su Nombre, no nos seria negado, siempre y cuando fuera lo mejor para nosotros y lo más conveniente para tu Reino. Dame un corazón de niño, capaz de confiar ciegamente en ti. Líbrame de la tentación de confiar más en mis habilidades y en mis conocimientos más que en tu divina providencia.
Dame un corazón humilde, capaz de reconocer mi pequeñez y tu grandeza, y de confiar en que Tu infinita sabiduría me lleva por caminos que no alcanzo a comprender. Quiero entregarme a tu bondad y seguir siempre tus caminos, allí donde me lleves, en todo momento, aquí y hasta los confines de la tierra. Amen.
 

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