NovenaFelipeNeri SeptimoDia

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Breve Historia

Para ayudar al crecimiento espiritual de la gente, organizaba coloquios espirituales en los que se oraba y se leían diversas vidas de santos y misioneros; por ejemplo, los misioneros jesuitas que iban a evangelizar América. Terminaban con una visita al Santísimo Sacramento en alguna iglesia o con la asistencia a las vísperas. Eran tantos los que asistían a dichos coloquios que en la iglesia de San Jerónimo se construyó una gran sala para ello y varios sacerdotes empezaron a ayudar a Felipe en esta tarea. El pueblo los llamaba “los oratorianos”, porque tocaban la campana para llamar a los fieles a rezar en su oratorio. Poco a poco, las reuniones fueron tomando una estructura constante: se realizan todos los días, excepto sábados y festivos, a primera hora de la tarde; comienzan con una lectura edificante y un comentario sencillo, que debe ofrecer conclusiones para una verdadera vida cristiana; a continuación, para bien del alma, se entabla un coloquio, en el que se van respondiendo todas las posibles dudas. Más tarde, se incluyó: la oración mental, la lectura del Evangelio, la penitencia, la historia de la Iglesia (que preparaba César Baronio para contrarrestar las mentiras protestantes) y la música. Músicos como Juan Palestrina o Juan Animuccia asistieron y escribieron música para estas reuniones. Los resultados fueron extraordinarios, muchos asistían a los encuentros del oratorio, incluso miembros prominentes de la Curia romana; aunque al principio no fue así, ya que, por predicar laicos, estuvieron bajo secreta vigilancia y clara sospecha durante bastante tiempo. Una de las grandes preocupaciones de Felipe eran los carnavales, en los que, con el pretexto de “prepararse” para la cuaresma, el pueblo se daba al libertinaje. San Felipe propuso la santa diversión de visitar siete iglesias de la ciudad - una peregrinación de unas doce millas - orando, cantando y con un almuerzo al aire libre en comunidad.

Doctrina

Era máxima de San Felipe que la frecuente confesión de los pecados hace un gran bien a nuestras almas, porque la purifica, la robustece y reanima en el servicio de Dios.

Felipe recomendaba confesar primero los pecados más graves y los que más vergüenza dan, pues así se confunde al demonio. Antes de elegir un confesor piénsese mucho en ello y récese mucho; pero una vez elegido no se debe cambiar, sino obedecerle y tratar con él todo lo que ocurra.

El Señor no permitirá que el confesor yerre en aquello que pueda afectar a la salvación del penitente.

El demonio tiende a inspirar desconfianza hacia el confesor para alejarle de su consejo.

Los penitentes no deben jamás violentar al confesor para que apruebe algo contrario al parecer de éste, sino fiarse totalmente de él. Incluso cuando es imposible consultarle, el penitente debe adivinar lo que el confesor le diría en cada caso y hacerlo.

Petición particular para este día.

Letanías

Que celebraste diariamente la santa misa Ruega por nosotros.

Que confesaste durante largas horas al día Ruega por nosotros.

Que luchaste contra el espíritu del mundo Ruega por nosotros.

Que fuiste considerado sospechoso por la Curia Ruega por nosotros.

Que soportaste la enfermedad y la vejez santamente Ruega por nosotros.

Que visitaste las siete Iglesias de Roma por Cristo Ruega por nosotros.

Oremos

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego con el que abrasó el corazón de San Felipe Neri.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

Fuente: ACI Prensa.


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