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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Breve Historia

Durante sus últimos años fueron muchos los cardenales que lo tenían como consejero. Sufrió varias enfermedades y, dos años antes de morir, logró renunciar a su cargo de superior, siendo sustituido por César Baronio. Obtuvo permiso de celebrar diariamente la misa en el pequeño oratorio que estaba junto a su cuarto. Como frecuentemente era arrebatado en éxtasis durante la misa, los asistentes acabaron por tomar la costumbre de retirarse en el “Cordero de Dios”. El acólito hacía lo mismo. Después de apagar los cirios, encender una lamparilla y colgar de la puerta un letrero para anunciar que San Felipe estaba celebrando todavía; dos horas después volvía el acólito, encendía de nuevo los cirios y la misa continuaba. El día de Corpus Christi del 25 de mayo de 1595, el santo estaba desbordante de alegría, de suerte que su médico le dijo que nunca le había visto tan bien durante los últimos diez años. Pero San Felipe sabía perfectamente que había llegado su última hora. Estuvo confesando durante todo el día y recibió, como de costumbre, a los visitantes. Pero antes de retirarse, dijo: “A fin de cuentas, hay que morir”. Hacia medianoche sufrió un ataque tan agudo, que se convocó a la comunidad. Baronio, después de leer las oraciones de los agonizantes, le pidió que se despidiese de sus hijos y los bendijese. El santo, que ya no podía hablar, levantó la mano para dar la bendición y murió un instante después. Tenía entonces ochenta años y dejaba tras de sí una obra imperecedera.

Doctrina

Enseñaba el santo: “no acostumbra Dios a enviar la muerte al hombre que le sirve, sin avisarle por medio de alguna señal”.

“Si un alma pudiese abstenerse por completo de los pecados veniales, la mayor pena que sentiría en este mundo sería verse detenida en esta vida, debido al deseo ardiente de unirse a Dios”.

Felipe decía: “los verdaderos servidores de Dios llevan la vida en paciencia y la muerte en deseo”.

Como Felipe tuvo la gracia de ver subir almas al cielo tras la muerte afirmaba: “No se puede declarar la belleza de un alma que muere en gracia del Señor”. Según esto, cada uno debería vivir tan santamente como si cada día fuera a ser el último de la vida.

“La muerte da terror a los que se hallan en estado de pecado, pero los que no lo están, como san Pablo, desean morir para estar por Cristo”.

“Lo más perfecto es vivir mucho, pero como si ya estuvié- ramos muertos para las cosas del mundo y para uno mismo, sufriendo amorosamente por Cristo lo que Él desee”.

Petición particular para este día.

Letanías

Hombre como el de los tiempos antiguos Ruega por nosotros.

Santo victorioso Ruega por nosotros.

Padre dulce Ruega por nosotros.

Mártir de la caridad Ruega por nosotros.

Que nos llamaste a la familia del Oratorio Ruega por nosotros.

Que nos ayudas a perseverar en él Ruega por nosotros.

Oremos

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego con el que abrasó el corazón de San Felipe Neri.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Fuente: ACI Prensa


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