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Desde nuestro Santuario de Barcelona, a los 81 años de edad y 59 de consagración, Madre Mª Angustias Calabrús de San José, que nació en Torredonjimeno (Jaén), el 4 de julio de 1934 y fue bautizada con el nombre de Dolores Calabrús Susi; el día 27 de agosto de 2015, partió serena al encuentro de su Señor.

Ella, queriendo decir: “Aquí estoy para hacer Tu voluntad”, ingresó en el Postulantado de Valencia el 26 de febrero de 1956, donde permaneció hasta que terminó su tiempo de formación, con la emisión de sus votos temporales el 30 de septiembre de 1958.

Sus destinos sucesivamente fueron: Ronda, Gijón, Catarroja, Ronda – Colegio, Barcelona, Zaragoza y nuevamente Barcelona desde julio de 2011.

Os transcribo la semblanza que su Comunidad, ha enviado:

Tras cerrarse la casa de Zaragoza, pasó a la comunidad de Barcelona, donde permaneció hasta su muerte. Los años que estuvo en el Santuario, ayudó en la capilla de Madre Petra y, sobre todo en la de San José. Le gustaba conversar mucho con la gente, era de trato ameno con ellos. Disfrutaba visitando y rezando en todas las iglesias por las que pasaba. Salía a pasear todos los días y aprovechaba para visitar muchos de los templos que rodeaban la casa. Cuando se enteraba que había algún enfermo que no podía ir a la capilla de San José, acudía, siempre que podía, a visitarlo a su casa.

A pesar de haber dejado el contacto directo con los niños, los buscaba y le encantaba darles consejos. Era recordada por muchas madres de antiguos alumnos del Colegio Virgen Reina de Zaragoza, que la llamaban asiduamente y le escribían, sobre todo en la enfermedad.

Era puntual en su oficio y en los actos de comunidad. Cuando podía ayudar a alguna hermana haciéndole un favor, no tenía reparos en hacérselo sin que nadie se enterase.

Los meses que ha durado su enfermedad ha sido un ejemplo de sufrimiento para toda la comunidad. A pesar de su carácter fuerte, reservado, se dejó ayudar siempre por las hermanas, incluso en los momentos en que había que hacérselo todo, con una gran aceptación y humildad. Siempre estaba con su rosario en las manos y le daba gran consuelo poder seguir la Eucaristía y la liturgia, especialmente a través de Radio María.

Sus grandes devociones fueron su amor a la Virgen, especialmente la Virgen del Pilar, que ocupaba un lugar especial en su corazón y San José. Disfrutaba con todos los actos litúrgicos que se celebraban en la Iglesia del Santuario y hasta el último día que estuvo en la casa, antes de ingresar en el Hospital, pidió, a pesar de los dolores que tenía, la llevasen a la iglesia para la Eucaristía y los rezos de la comunidad.

Tenía mucho miedo a la enfermedad, pero poco a poco se fue preparando y asumiendo lo que el Señor le pedía, recibiendo la Unción de enfermos en una celebración comunitaria. En los días que estuvo en el hospital, cuando todavía estaba consciente, había momentos en que los fuertes dolores que tenía le hacían ponerse nerviosa. Cuando se le pasaba, siempre pedía a la persona que estaba con ella que la disculpase si le había dado alguna mala contestación. Sus rezos y devociones fueron, hasta el último momento, el consuelo que tuvo en medio del sufrimiento. Cuando ya estaba prácticamente inconsciente, había momentos en que se la veía mover los labios y las manos, como si estuviese pasando las cuentas del rosario y, cuando tenía una crisis fuerte, le daba gran consuelo escuchar cómo la persona que estaba con ella le ayudaba a rezar. Su paso por el Hospital y cómo ha sido acompañada por la comunidad en todo momento, ha sido un ejemplo que ha llamado la atención de todo el personal sanitario.

Muchos de los fieles, que acuden asiduamente a la capilla de San José, vinieron a darle el último adiós en su funeral, en el que la comunidad estuvo acompañada de un gran número de josefinos. También, desde Zaragoza, profesoras y mamás del Colegio, se han juntado para poder pedir por ella y ofrecerle una Eucaristía en la capilla de la Virgen del Pilar, de la que tuvo el gozo de poder despedirse, ya en silla de ruedas, antes de ingresar definitivamente en el hospital.

Seguro que Madre Mª Angustias, habrá recibido de manos del Señor, la corona eterna que Él le tenía preparada.

DESCANSE EN PAZ


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