m goretti olmo

El día 15 de agosto de 2018, Solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los Cielos, desde nuestra Residencia del Valle de Abdalajís, el Señor, como detalle de amor, ha querido llevarse a nuestra hermana, Madre Mª Goretti Olmo de San José, a celebrar dicha festividad y cantar unida a los ángeles, las alabanzas de Nuestra Señora.

 

Araceli Olmo Juárez, nació el 1 de junio de 1931, en Escañuela (Jaén), donde fue bautizada en la Parroquia de San Pedro el día 9 de junio.

Después de sentir la llamada a la vida religiosa, a los 19 años, el día 5 de mayo de 1951, ingresó en la Congregación, en el Postulantado de Valencia, donde permaneció todo el tiempo de su formación, que finalizó el 25 de marzo de 1954, Solemnidad de la Anunciación del Señor, fecha en que emitió sus Votos Temporales.

Pocos fueron sus destinos: Ronda, Gijón, Madrid - Hogar, Ronda 1976 y, desde agosto de 2015 en el Valle de Abdalajís - Residencia, donde llegó muy delicada de salud.

La Comunidad de Ronda nos ha enviado el siguiente testimonio:

Madre Mª Goretti fue una religiosa sencilla, humilde, entrañable; pero esta sencillez, sin embargo, no fue obstáculo para entregarse a su misión. Ahora, tiene ya un sitio privilegiado con el Señor.

Ha dejado huella entre profesores, alumnos, chicas… Todo el que tenía contacto con ella se tenía que reír; porque siempre se acordaba hasta el último detalle de todo lo que había pasado antes y de cada acontecimiento familiar de quienes la rodeaban; ya que, pese a encontrarse enferma y deteriorada, tenía una memoria privilegiada, se interesaba y preguntaba a todos con los que se cruzaba.

Le gustaba salir a caminar, según ella, por la diabetes que padecía; y aprovechaba para hacer su apostolado por las calles de Ronda. Una, entre otras muchas de sus divertidas anécdotas, es que, cuando hacía mucho frío, calentaba ladrillos y se los llevaba a las clases, para que las niñas se calentaran los pies y las manos. Esto lo aprendió de la sencillez de su madre, que calentaba las piedras para atenuar el frío de las manos, cuando cogían aceitunas, en el gélido mes de diciembre.

Madre Mª Goretti ha dedicado su vida al servicio de los otros, junto a cacerolas, ollas, sartenes, entre fogones y pucheros, alimentando a los demás. Se esmeraba siempre, para que las niñas internas comieran bien. Se daba a querer por su espontaneidad, entusiasmo, alegría y dedicación. Siempre tenía palabras agradables para todos, derrochando amor desde su entrega sencilla.

La comunidad la recuerda con mucho cariño por sus detalles, siempre atenta a lo que cada una le gustaba y que se lo comiera “calientito”, como ella decía; cuando había una hermana enferma, ella le hacía sus remedios caseros y, con cariño, le daba las recomendaciones de cómo tomarlo y poder aliviarla.

Era puntual en todo lo relacionado con la comunidad; le gustaba rezar y estar con todas. Nosotros la definiríamos como una hermana entregada, servicial, con mucho amor por los niños y mucha dedicación a su cocina.

Ahora, el Padre la habrá recibido con los brazos abiertos, para llenarla de su Paz y de su Alegría, todo lo que ella repartió.

Madre Mª Goretti, en la tierra, nunca llegaste a destacar en tu labor sencilla y escondida; pero nos diste mucho amor, ternura e inocencia. Ahora tendrás la recompensa, con creces, a tu vida entregada, por todo lo que has sembrado.

Descansa en Paz, querida Madre Mª Goretti. Nunca te olvidaremos.”


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