M AnaPilar LopezMadre Ana Pilar López de San José -Victoria López Hernández- nació en Villar de Salz -Teruel-, el día 14 de noviembre de 1925. A la edad de 92 años y 65 de consagración, desde nuestra Casa de Catarroja, el día 17 de julio de 2018, con paz y serenidad, respondió a la última llamada de Dios Padre.

 

Ingresó en la Congregación, el 24 de junio de 1953, en el Postulantado de Barcelona, donde permaneció hasta el 25 de marzo de 1954, día en que inició su tiempo de formación en el Noviciado de Valencia; y que concluyó el 21 de abril de 1956, con la Profesión Anual.

Pronta a la Voluntad del Señor, pasó por las Comunidades de Madrid, Gijón, Catarroja, Albal - Colegio (octubre 1964 hasta agosto de 2002), Valencia - Colegio, Andújar - S. Rafael; nuevamente, Valencia - Colegio, Cheste (agoto 2004) y, finalmente, desde el 30 de junio, de este año, debido a su delicada salud, pasó a la Comunidad de Catarroja.

 

Una Madre que vivió 12 años con ella, en Albal, nos envía la siguiente semblanza:

Madre Ana Pilar, mujer de gran fortaleza, hospitalaria, valiente, sin complejos y sin miedo a los riesgos, trabajadora incansable. “Hacía por dos”, cualquier trabajo lo realizaba con cariño y plena dedicación.

Fue la fundadora del Colegio Santa Ana con otras dos hermanas. D. Luis Arnau, Párroco en aquel entonces, cedió parte de los terrenos de la Parroquia: huerto y casita inserta en él, para empezar a educar cristianamente a la niñez y juventud. Fueron apareciendo algunos niños, primeras semillas de este árbol gigantesco del Colegio de hoy. Aquellas Madres de Desamparados fueron las primeras pedagogas, con sacrificios, con pobreza, sin lugar para ellas …, lograron llevar a cabo el sueño de D. Luis Arnau: “Educar a la juventud”. Tuvo mucha relación con la gente del pueblo. Era muy extrovertida, todos cabían en su corazón. Consiguió que muchos se involucraran en el nacimiento del Colegio.

 

Trabajó con denuedo incansable por la Congregación y, cuando el Colegio pasó por dificultades serias de cierre, luchó, habló con las autoridades civiles y religiosas, para lograr la permanencia de las “Madres” en Albal, porque así lo reclamaba el pueblo, al que ella estaba totalmente vinculada. EL Alcalde de turno, ante la inminente salida de las religiosas que dejaban el Colegio, dijo: “Si se van Vds. dejen un hábito colgado para recordarlas perpetuamente”.

 

Todo el pueblo la quería. Tenía siempre un recuerdo para todos, se preocupaba por todos y mucha gente acudía a hablar de serios problemas con ella; era una gran consejera creíble. Pero la relación y cercanía que tenía con la gente brotaba de su estilo misionero. Les fortalecía su fe, les animaba con la firmeza de la esperanza y, como entrañable hija de Madre Petra, derramaba la misericordia en el espíritu y les atendía en sus necesidades físicas. Fue el paño de lágrimas de los habitantes del pueblo de Albal”.

 

Una familia muy allegada de Albal, que la conoció durante muchos años y gozó de su amistad y estima nos ha enviado el siguiente testimonio: “La Madre Ana Pilar, hizo apostolado por las calles de Albal, de familia en familia, para todo el mundo tenía una palabra de ánimo y una sonrisa. Fue una verdadera hija de Dios, como decía mi padre, si quieres ser grande hazte pequeño” “Les invitó a tener a S. José como protector de su negocio, les decía que el Santo, les enseñaría a trabajar con amor, ya que él sabe mucho. Todo lo que le pidas con fe, estoy segura, José Vicente, que él, a tu encuentro saldrá”.

Como muestra de su intimidad con Cristo, os copio un extracto de algunos escritos suyos:

¿Cómo me ama Cristo? Me salva, sana, defiende, enseña, sirve, entrega íntima, se da, conduce, me ayuda, comparte, conforta; resuelve todo, porque me ama, como nadie. Cristo, todo lo crea y da vida, no lo deja un momento. Me enseña a perseverar, me lo ha demostrado siempre que he estado en peligro o necesitada. Te has manifestado salvando mi vida. Fui un pensamiento tuyo y me diste vida y empezó tu cuidado. Nada más nacer, ya era tuya”.

 

Los años que estuvo en Cheste, mientras su salud se lo permitió, ayudaba en la portería, donde disfrutaba atendiendo a los papás; le gustaba hablar con ellos y hablarles de Dios. Todos los días, gozaba con la llegada de los niños al Colegio, saliendo a recibirlos en la puerta y a saludarles de uno en uno, así se ganó el cariño de todos los pequeños. Le gustaba estar en Comunidad; con las Madres era muy detallista, sobre todo, en los días especiales de cada una.

 

 

Aunque fueron pocos los días, que estuvo en Catarroja, Madre Ana Pilar, los vivió en plenitud y sintiéndose feliz, no se cansaba de repetir: “El Señor me ha hecho el mejor regalo trayéndome a esta Comunidad, que ha sido una de mis primeras casas y que será la última. Estoy como una reina, no me falta nada; y lo más importante es poder asistir a la Eucaristía todos los días, con las Madres de la Comunidad”.

 

El Párroco de Albal, en la Misa “de corpore insepulto”, invitó a todos los presentes, a que siguiéramos el ejemplo que ella nos había dejado, de amor a Dios y a los hermanos.

 

 

DESCANSE EN PAZ.


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