M Nuria Oliva

Desde nuestra Residencia del Valle de Abdalajís, el día 2 de julio de 2018, Madre Nuria Oliva de San José. Nació el 14 de enero de 1926, en Pinós (Lérida) y fue bautizada con el nombre de María Oliva Comas, en la Parroquia de San Pedro de Matamargó, el 18 del mismo mes, a los 92 años de edad y 71 de entrega al Señor, con serenidad, ha entrado a formar parte de la Mansión Eterna.

 

Consciente de la llamada del Señor, el día 11 de abril de 1947, ingresó en la Congregación, en el Postulantado de Barcelona. Pasó al Noviciado de Valencia, el 26 de noviembre de 1947, donde continuó su tiempo de formación, hasta el 30 de diciembre de 1949, día en que formuló sus primeros Votos.

 

Estuvo destinada en las Comunidades de Valencia, San Sebastián, Madrid - Residencia -en donde estuvo 52 años-. En 2006, pasó a la Residencia del Valle de Abdalajís.

La Comunidad de Madrid envía el siguiente testimonio:

 

Fueron muchos años los que Madre Nuria estuvo en esta Comunidad, siempre dedicándose a la póstula y a la Sacristía; y, una vez que ya no podía salir a la calle, se dedicó de lleno a la Sacristía, oficio que desempeñó con mucho mimo y cariño.

 

 

Durante el tiempo que estuvo encargada de la Sacristía, había diariamente cuatro misas - los domingos y festivos, cinco -. Los sacerdotes de ese tiempo -jesuitas, javerianos, seculares y el capellán, D. Laurentino-, la recuerdan con mucho cariño. Todos destacan su sentido de servicialidad, su cercanía, humildad y dedicación. Los atendía como una madre; tenía para ellos detalles, especialmente con los más jóvenes, a los que cuidaba y mimaba como hijos. D. Laurentino, nuestro capellán desde hace 35 años, inició su sacerdocio en nuestra Iglesia y, para él, Madre Nuria es como su segunda madre, a quien le tiene un cariño especial. De ella aprendió el servicio delicado con el Señor; su humildad, y sencillez le cautivaron de tal modo, que la tiene como referente de alma entregada al Señor.

 

En aquellos años también se celebraban numerosas bodas en la Iglesia -algunos fines de semana hasta tres- lo que, unido a las misas, se puede decir que la actividad en la Iglesia era importante. Nunca se la oyó quejarse, se rodeaba de jóvenes que la ayudan a poner o quitar las alfombras, las flores, y, después, tenía pequeños detalles con ellos que lo agradecían enormemente.

Su ejemplo de humildad y sencillez y su paso callado, casi de puntillas, ha dejado huella en los vecinos de Chamberí que, aún, siguen preguntado por ella”.

 

 

Las Madres del Valle, donde llegó ya enferma, dicen:

 

 

Desde septiembre del 2006, nuestra Hermana Madre Nuria, nos acompañaba en la Comunidad. Su estado de salud estaba bastante delicado y, prácticamente, no podía seguir los actos de comunidad. Pero sentíamos su presencia, callada, serena. Su testimonio de paz nos confortaba, cada vez que nos acercábamos a visitarla.

Sus fuerzas físicas, cada vez más agotadas, la postraron en la cama, en donde, nunca manifestó quejas y sí, aceptación a cuanto se le ofrecía. Su estar "ahí" nos ha dejado -a nivel comunidad- paz y serenidad.

 

Madre Nuria, ha muerto como vivió, sin dar ruido, llena de paz y serenidad. Gracias, por tu entrega y fidelidad, mantenida en tu larga vida”.

 

DESCANSE EN PAZ.


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