M Amelia juarez

Soledad Juárez Blanco, Madre Amelia Mª Juárez de San José, que nació en Motril (Granada), el 26 de noviembre de 1932, desde la Comunidad de la Casa de Martos, el día 14 de junio de 2018, a la edad de 85 años y 61 de vida religiosa; marchó presurosa, en busca de su Dios, con la lámpara encendida.

 

Ingresó en la Congregación el día 19 de julio de 1956, en el Postulantado de Valencia, donde permaneció todo el período de su formación, que finalizó, con la emisión de sus Votos Temporales, el día 27 de junio de 1959.

Sus destinos fueron: Madrid - Hogar, Málaga, Madrid - Hogar, Sevilla, Martos, Valle de Abdalajís, Madrid - Residencia, Madrid - Hogar, nuevamente Madrid - Residencia; y, finalmente, Martos, desde el 8 de Mayo de 2018.

La Comunidad de Madrid - Residencia nos ha enviado el siguiente testimonio:

Siendo muy pequeña, su familia se trasladó a vivir a Sevilla, por lo que quería de manera entrañable a la capital andaluza.

Toda su vida la dedicó a la póstula, recorriendo los campos y cortijos andaluces con su Land Rover, cuando apenas había mujeres que condujeran. Cargaba sacos de trigo o de fruta, aceite… y todo lo que le daban, pasando calor, frío….. Nada le importaba, con tal de llevar cuanto más mejor, a la casa, para sus niñas, para que no les faltara de nada.

Aunque no estuvo nunca directamente en el apostolado del Hogar, siempre se sintió una Madre que, con un corazón grande, velaba por ellas y por sus necesidades; por eso, no temía la austeridad, ni el cansancio del trabajo, … se sentía humildemente fuerte en las dificultades, haciendo vida la CF VIII, todo, con sentido oblativo.

En Madrid, se conocía todos los rincones de la ciudad: oficinas, casas de señoras, empresas, tiendas pequeñas…..; cualquier lugar era bueno para entrar y pedir una ayuda paras las niñas. Ha sido un testimonio de entrega, de responsabilidad, sin temer a nada. Eran muchas las personas que acudían a ella para consultarle, para que fuera su confidente, siempre mostrándose solícita y, desde sus posibilidades, ayudaba a todos.

Muy responsable y ordenada en su trabajo. Siempre disponible y colaboradora en la comunidad. Antes de salir a la póstula, dejaba recogido el comedor y la comunidad y, cuando regresaba, preparaba los recibos del día siguiente. Es importante destacar el detalle con el que recogía los datos de sus bienhechores: calles, teléfonos, cantidad, si estaban por banco o no, notas que le recordaba de quién se trataba…. Y cuando la llamaban por teléfono, era admirable cómo sabía de quien se trataba.

Mujer muy sacrificada, austera, gozaba en estar en comunidad. Nunca faltaba a los actos comunitarios. Dedicaba muchas horas al trato íntimo de su Señor. Se levantaba bien temprano, dedicando más tiempo al encuentro personal con Él.

Lectora innata. Siempre decía que cuando dejara la póstula se dedicaría a rezar y leer; pero el Señor quería todo de ella y, por sus dificultades de visión y su deterioro físico, eran muchas las horas que pasaba sentada en la comunidad y en la capilla. Cuando se disgustaba, porque no podía salir a la calle, ni leer, pedía perdón al Señor y lo ofrecía por las vocaciones y por la Congregación.

Siendo consciente de sus limitaciones y dificultades, pidió irse a una casa de personas Mayores, para así poder seguir ayudando, en lo poco que podía, y no dar trabajo.

En la comunidad ha dado siempre ejemplo de constancia, sacrificio, entrega, fidelidad y agradecimiento por lo que se le hacía; especialmente, los últimos meses, en los que teníamos que estar más pendiente de ella. Poco a poco fue moldeando su fuerte carácter, ya que el Señor la estaba preparando para dar su último sí, con la generosidad y fidelidad que le caracterizaba.

Seguro que el Señor la ha recibido con los brazos abiertos, en este mes del Sagrado Corazón, por todo el bien que ha hecho por sus predilectos, los niños.

  DESCANSE EN PAZ.


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