m adela perez

Madre Mª Adela Pérez de San José, Elvira Pérez Cordón, que nació en Santiago de Chile, el día 27 de junio de 1927, a la edad de 90 años de edad, desde nuestra Casa de Santa Cruz - Chile -, el día 10 de junio de 2018, partió al Padre, a los 71 años de consagración.

 

Muy joven, el día 23 de junio de 1946, dejando su país, ingresó en el Postulantado de Barcelona; pasó al Noviciado de Valencia, el 26 de febrero de 1947, donde pasó todo el tiempo de su formación, que terminó con su Profesión Anual, el 2 de abril de 1949; y donde emitió sus Votos Perpetuos, el 29 de septiembre de 1954. Estuvo destinada en las Comunidades de Cheste, Sevilla, Martos, México, Santiago de Chile, desde 1967, hasta febrero de 2018, que fue enviada a la de Santa Cruz.

Las Madres de las dos Comunidades de Chile, nos han enviado el siguiente testimonio:

 

“Madre Mª Adela, fue la mayor de las tres “hermanas Pérez”, religiosas consagradas al Señor, en nuestra Congregación.

 

Su infancia fue dura y llena de responsabilidades como las de un adulto. A la edad de 10 años, al quedar sin mamá, ella tuvo que ocuparse de las tareas de una madre, cuidando de sus 7 hermanos. Sabía la necesidad de ayudar a su padre, y que tenía que trabajar mucho… En este ambiente maduró su personalidad: fuerte en las adversidades, responsable en todas sus obligaciones y tierna y cariñosa con todos, en especial con los más pequeños. Tuvo la suerte de cuidar de su padre hasta su muerte, siendo ya religiosa.

 

La última mitad de su vida la pasó en Chile, en el Hogar Español, primero con Adultos mayores y después, casi 30 años, en la portería. En tiempos difíciles y en los comienzos, en los que había escasez de transporte, ella salía a pedir a la Vega Central y cobraba las pensiones de los residentes que estaban impedidos. Sólo Dios y ella, saben los sacrificios que tuvo que hacer y a cuantas personas ayudó.

 

Supo relacionarse de manera serena, maternal y generosa con cuantos llegaron a la portería del Hogar Español, sin distinción de clase social; TODOS encontraron siempre en ella, la madre solícita, que supo llegar con respeto y delicadeza acertada a la situación concreta de cada corazón, muchos de ellos rotos por las circunstancias dolorosas de la vida; encontrando en ella el bálsamo de Dios, para curar tantas heridas; bálsamo que buscó, con fidelidad constante y asidua, en la participación activa y fervorosa de la Eucaristía, en la adoración al Santísimo, a los que siempre acudió con la prontitud de la virgen fiel, que espera en cada momento al Esposo Divino, con su lámpara encendida.

 

La participación alegre y sencilla en la vida comunitaria fue otra de sus fortalezas; supo gozar, querer y aceptar con espíritu de fe a todas las Hermanas que el Señor le regaló, a lo largo de tantos años en el Hogar Español. 

Enseñaba con paciencia el arte de las “agujas”, tenía detalles de hermana con cada una. En España, enseñó a muchas jóvenes el arte del bordado; algunas llegaron a hacer sus ajuares de novia con ella. Destacó en ella la prudencia serena y discreta, que fue una de las muchas virtudes que siempre la acompañaron.

 

Cuando, por su salud, tuvo que distanciarse e incluso suspender sus visitas a los pabellones de los ancianos, todos, residentes, personal de administración, asistentes, preguntaban por ella y con todo el cariño le enviaban sus saludos. Hasta las flores del jardín se unieron en acción de gracias, percibiendo la mano maternal de Me. Mª Adela que, sabiamente, supo hacer con ellas hermosos arreglos florales, para sus grandes amores: Jesús, María y José. Una buganvilia rosada adornó como único florero la amplitud de su ventana.

 

Tuvo muchas dificultades de salud, pero su sentido de oblación y de participación en la redención del mundo, la llevó a no perder nunca la alegría, haciendo del Amor al Señor y a las almas, el motivo que le dio fortaleza en todo momento. Amó a la Santísima Virgen, con entrañable amor de hija, acudiendo siempre a Ella en su favor y en el de los demás; le manifestaba su cariño con detalles espirituales de ofrenda. 

 

Debido a su estado de salud, el Directorio del Hogar Español le ofreció uno de los sectores, para ser atendida en ellos, pero su sentido de pertenencia y su amor por la vida comunitaria, siempre pedía que no se le alejara de ella; por este motivo la Congregación quiso complacerla enviándola a la Comunidad de Santa Cruz de Colchagua, desde donde la llamó el Señor a su encuentro definitivo.

 

 

Me. Mª Adela, que siempre dio testimonio de su fe y de su gran fortaleza, cumplida su misión, se quedó dormida en las manos de su PADRE DIOS. Su rostro reflejaba paz y serenidad.”

 

DESCANSE EN PAZ


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