M luisateresa torres

Nuestra Hermana, Madre Luisa Teresa Torres de San José -Francisca Torres Rivero- natural de San Nicolás de Bari - Matanzas (Cuba), nació el 7 de diciembre de 1937.

 

El día 17 de febrero de 2018, en las primeras horas del sábado -dedicado a la Santísima Virgen, a quién ella invocaba con amor- a los 80 años de edad y 63 de vida Consagrada, ha ido a reunirse para siempre con su Dios.

 

 

Muy joven, a los 17 años, ingresó en la Congregación en Güines (Cuba), el 27 de abril de 1955, donde permaneció todo el tiempo de Postulantado y Noviciado, hasta el 16 de julio de 1958, fecha en que emitió sus Votos Temporales.

En 1960, salió de Cuba, a causa de la Revolución, con destino a Nueva York, donde ha permanecido hasta su encuentro definitivo con el Señor. Emitió sus Votos Perpetuos, el 8 de diciembre de 1963, fiesta de la Inmaculada Concepción.

 

Madre Luisa Teresa tenía muchas cualidades; se distinguió por su generosidad para con todos los que se acercaban a ella. Ayudaba a conseguir trabajo a quienes se lo pedían. Se preocupaba de las

necesidades de los demás y las aliviaba, si podía. Sufría con el que estaba necesitado, sobre todo, con el que carecía de algún bien. Era consciente de las injusticias que hay en el mundo y oraba por ellos y por sus necesidades, en especial por los niños.

 

Muy responsable en sus oficios, en especial en todo lo referente al Nursery. Amaba a los pequeños, a los que cuidaba con delicadeza y con amor. Su trato con las residentes fue cordial, atento y cariñoso, siempre fue como una madre para ellas; pues, en algunas ocasiones, llegó a acompañarlas a los médicos, o, a otros lugares, donde, por no hablar el inglés, no sabían desenvolverse.

Las muestras de su bondad y buen hacer son reconocidas por muchas de ellas que la llamaban y escribían emocionadas, recordando sus palabras de aliento en los momentos difíciles, en sus trabajos y en sus enfermedades.

 

Una demostración de cariño, es el siguiente testimonio, que nos ha enviado una joven vasca, Ainara Iturbe Kareaga: “Madre Luisa Teresa era una madre para nosotras: acogedora, culta, humilde, serena, generosa y una trabajadora incansable. Dios me la puso en mi camino, para que evolucionara y eso es lo que hice, evolucionar; y lo hizo a través del amor y de los valores cristianos. Gracias a todas las Madres y a ella, en especial, mi vida allí fue fácil; los valores que tanto Madre Luisa Teresa, como el resto de las Madres, me enseñaron, los mantengo siempre muy presentes.

¿Cómo definir a Madre Luisa Teresa? Era el amor incondicional hacia el ser humano, como lo hizo Jesús”.

 

Tenía la capacidad de compartir lo que pensaba con franqueza; era honesta, pues decía las cosas sin ofender, pero siempre con sinceridad. Mujer dulce, tierna por naturaleza, pero, sobre todo, compasiva y defensora de todo el mundo. Con sentido de pertenencia a la Congregación, la amaba y siempre pedía la intercesión de la Santísima Virgen por cada uno de sus miembros. Amante de Madre Petra y San José.

Como parte de su formación le gustaba mucho leer los folletos de Madre Petra y otros libros que le ayudaran a acercarse a Dios. Madre Luisa Teresa, cuando venía a la Formación Permanente, disfrutaba mucho del ambiente, de la convivencia y de la acogida que sentía de todas las Madres; participaba contenta y con ilusión.

 

Ha dejado un gran vacío en su Comunidad, pero tenemos la certeza de que goza ya de la dicha de contemplar al Señor, cara a cara, y, desde ahí, abogar e interceder por toda la Congregación.

 

DESCANSE EN PAZ


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