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PRESENTACIÓN DE CRISTO EN EL TEMPLO Y PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN

 

 

Lc 2, 22-26

 Cuando se cumplieron los ocho días de la purificación según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para ofrecerlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para ofrecer el sacrificio según lo ordenado en la Ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la liberación de Israel: el Espíritu Santo estaba en él, y le había anunciado que no moriría sin ver al Mesías del Señor.

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