Magnificat 

Es el título dado comunmente al texto en latín y a la traducción al lenguaje común del Cántico ( o Canción) de María. Es la palabra inicial del texto de la Vulgata ( Lucas, i, 46–55): “Magnificat anima mea, Dominum”, etc. (Mi alma magnifica al Señor, etc.). En los Antifonarios antiguos frecuentemente se le llamaba Evangelium Mariae, el “Evangelio de María” . En el Breviario Romano se titula (Vísperas para el Domingo) Canticum B. M. V. (Canticle of the Blessed Virgen Mary). El “Magnificat”, “Benedictus” (Cántico de Zacarias-Lucas, i, 68–79), y “Nunc Dimittis” ( Cántico Simeón – Lucas, ii, 29–32) son llamados también “cánticos evangélicos” ya que es así como aparecen en el Evangelio (Evangelium) de San Lucas.

FORMA Y CONTENIDO

Los comentaristas dividen este texto en tres o cuatro estrofas de las cuales se puede encontrar explicaciones fácilmente accesibles en “Exposition of the Gospel of St. Luke” de McEvilly (división triple: versos 46–49, 50–53, 54–55); en “La Vida de Jesucristo” de Maas (también triple pero ligeramente diferente: versículos 46– 50, 51–53, 54–55); y en “Popular Commentary on the New Testament” de Schaff y Riddle (división en cuatro estrofas: 46–48, 49–50, 51–52, 53–55). En muchos lugares, el Magnificat es muy similar en pensamiento y lenguaje al Cántico de Ana (I Samuel, ii, 1-10) y a varios salmos (xxxiii, 3-5; xxxiv, 9; cxxxvii, 6; lxx, 19; cxxv, 2-3; cx, 9; xcvii, 1; cxvii, 16; xxxii, 10; cxii,7; xxxii, 11; xcvii, 3; cxxxi, 11). Se encuentran similitudes en Hab., iii, 18; Mal., iii, 12; Job, v. 11; Is., xii, 8, y xlix, 3; Gén., xvii, 19. Impregnados así del pensamiento y fraseología de las Escrituras, concentrados en el éxtasis inspirador del Designio de Dios para su Pueblo Escogido que indica el cumplimiento de la antigua profesía y profetiza nuevamente hasta el final de los tiempos, el Magnificat es la corona del Antiguo Testamento que canta el último cántico del Antiguo y el primero del Nuevo Testamento. Este fue pronunciado (o, no es improbable, haya sido cantado) por la Santísima Virgen María cuando visitó a su prima Isabel bajo las circunstancias narradas por San Lucas en el Primer Capítulo de su Evangelio. Es un éxtasis de alabanza por el favor inestimable concedido por Dios a la Vírgen, por las misericordias mostradas a Israel y por el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham y a los patriarcas. Aquí indicaremos sólo cuatro puntos de la interpretación crítica. Algunos comentaristas distinguen el significado de “alma” (o “intelecto”) y “espíritu” (o “voluntad”) en los primeros dos versos; pero si se considera el uso en el hebreo, probablemente ambas palabras significan lo mismo, “el alma con todas sus facultades”. En el v. 48 “humildad” significa probablemente la “condición inferior” o “ posición modesta”, más que la virtud de humildad. La segunda parte del v. 48 revela una profesía que ha sido cumplida desde entonces, lo cual aumenta las abrumadores razones que rechazan la idea de que Isabel es la autora del cántico. Finalmente, la primera parte del v. 55 (que ofreció a nuestros padres) es probablemente un intervalo.

CREACION MARIANA

La década pasada ha sido testigo de una discusión sobre la identidad del autor del Magnificat basándose en el hecho de que tres manuscritos ancestrales (Vercellensis, Veronensis, Rhedigerianus) tienen: “Et ait Elisabeth: Magnificat anima mea”, etc. (E Isabel dijo: Mi alma magnifica, etc. ); y también está en algún uso patriarcal muy ligero de la versión discrepante. En “Berliner Sitzungsberichte”, Harnack anunció (17 de Mayo de 1900), 538-56, su punto de vista respecto a Isabel como autora sosteniendo que la versión original no es ni “María” ni “Isabel” sinó solamente “ella” (dijo). Previamente, alrededor de dos años antes, Durand había criticado en “Revue Biblique”, el argumento de Jacobé sobre una probable atribución a Isabel. Dom Morin ha llamado la atención (“Revue Biblique”, 1897) sobre las palabras de Nicetas (Niceta) de Remesiana, en un manuscrito del Vaticano de su “De salmodiae bono”: “Cum Helisabeth Dominum anima nostra magnificat” (Con Isabel, nuestra alma magnifica al Señor). Los trabajos de Nicetas editados recientemente por Burny indican el punto de vista de Nicetas (ver nota 4, p. 79, ibid.). En la introducción del volumen de Burn, Burkit rechaza la versión “Et ait Elisabeth” como totalmente insostenible en consideración al testimonio contradictorio de Tertullian y de todos los textos griegos y sirios, sin embargo, se pronuncia a favor de la versión original: “ella” (dijo) y mantiene que Isabel es la autora. Le respondió el Obispo anglicano de Salisbury quien sostiene la probabilidad de una versión original “ella”, pero rechaza la atribución a Isabel (pp. clv-clviii). El testimonio de los códices y el de los Patriarcas es practicamente unánime a favor de la versión de la Vulgate: “Et ait Maria”, pero, aparte de esto, la atribución del Magnificat a Isabel podría ser altamente irregular dentro del contexto de San Lucas. Mucho antes de que se realizara la reciente discusión, Westcott y Hort, en el apéndice (52) de su “Introduction to the New Testament in the Original Greek” (New York, 1882), había discutido brevemente y rechazado la versión “Isabel”; y este rechazo se confirma concisamente en su texto revisado de “N. T. en el Griego Original” (Londres, 1895), 523.

USO LITURGICO

Mientras que los cánticos tomados del Breviario Romano del Antiguo Testamento están colocados con los salmos, y son distribuidos como para ser cantados sólo una vez al mes, el Magnificat comparte con los otros dos “cánticos evangélicos” el honor de la recitación diaria y de la singular y prominente ubicación inmediatamente antes de Oratio, o Oración para el Oficio Diario (o, si hay preces, inmediatamente antes que estos). El “Magnificat” es asignado a las Vísperas, el “Benedictus” a los Laudes y el “Nunc Dimittis” a Completas. Durandus presenta seis razones para la asignación del Magnificat a Vísperas, la primera es que el mundo fue salvado de la oscuridad por el asentimiento de María al Plan Divino de Redención. Colvenarius encuentra otra razón en la probabilidad de que Nuestra Señora llagara a la casa de Santa Isabel hacia el anochecer. Sin embargo, en Rule, (escrito antes de 502) de San Caesarius de Arles, está contenida la que puede ser la más antigua declaración existente sobre su uso litúrgico el que es asignado a Laudes tal como se presenta en las iglesias griegas de la actualidad. Las ceremonias que acompañan a su canto en el coro en las Vísperas solemnes son notablemente impresionantes. A la entonación del “Magnificat”, se levantan todos los que están en el santuario y el celebrante (después de haberse sacado primero su birrete, “en honor a los cánticos”) acude con sus asistentes hacia el altar, donde, con las reverencias acostumbradas, bendice el incienso y lo enciende y esparce sobre el altar como inicio de la Misa Solemne. Para permitir la elaborada ceremonia del incienso el Magnificat es cantado mucho más lentamente que los salmos. Una ceremonia similar acompaña al canto de los Benedictus en el Laude solemne pero no en Nunc Dimittis en Completas.

Al pronunciarse la primera palabra del Magnificat y del Benedictus, se hace la Señal de la Cruz ( pero no en el Nunc Dimittis, excepto donde la costumbre lo ha hecho legítimo). En algunas iglesias se canta el Magnificat en devociones que no son las Vísperas. Al responder a una pregunta de Canada en el “Ecclesiastical Review” (XXIII, 74), declara que el precepto permite una separación como esta, pero prohibe que en este caso se difunda el incienso ante el altar. Este mismo texto (XXIII, 173) el “Ecclesiastical Review” (XXIII, 74) subraya que “la práctica de hacer la Señal de la Cruz al inicio del Magnificat, el Benedictus y el Nunc Dimittis en el oficio es de uso muy antiguo, y está sancionado por la mejor autoridad” se refiere a la Congregación de los Ritos Sagrados, 20 de Diciembre de 1861.

ACOMPAÑAMIENTOS MUSICALES

Al igual que los cánticos y los salmos, el Magnificat es precedido y continuado por una antífona que varía de acuerdo a la fiesta o al Oficio diario, y se canta según los ocho modos de la canción sencilla. Sin embargo, el primer verso no tiene mediación debido a la brevedad de su primera mitad (una palabra, Magnificat). Los Cánticos de María y Zacarías comparten (incluso en el Oficio de los Difuntos) el honor peculiar de comenzar cada verso con un initium o entonación. Esta entonación varía según los diversos modos; y el Magnificat tiene una entonación especial solemne para el segundo, séptimo y octavo modo, aunque en este caso la entonación festiva usual se aplica a todos los versos excepto el primero en los modos segundo y octavo. El tratamiento de lo “musical” ha sido muy variado, en cuanto se distingue de la “canción simple” de este cántico. Algunas veces los versos cantados se alternan con canciones simples armonizadas, algunas veces, con un falso bordone teniendo melodías originales en el mismo modo que el de la canción simple. Sin embargo, existen inmumerables fondos o acompañamientos que son completamente originales y que se distribuyen a través de todo el rango completo de la expresión musical, desde la armonía más simple hasta el más elaborado tratamiento dramático con acompañamiento orquestal para el texto. Casi cada uno de los grandes compositores religiosos ha trabajado este texto frecuentemente y con gran fervor y celo. Palestrina publicó dos acompañamientos para cada uno de los ocho modos y dejó en un manuscrito casi una cantidad similar. Existen cincuenta acompañamientos de Orlando di Lasso en la Biblioteca Real de Munich y la tradición le acredita además el doble de la suma indicada. En nuestros propios días, se afirma que César Franck (1822-90) ha completado sesentaitres de los cien que él había proyectado. Además de nombres tan importantes como los de Palestrina, di Lasso, Josquin des Prés, Morales, Goudimal, Animuccia, Vittoria, Anerio, Gabrieli, Suriano, quienes, junto con sus contemporáneos contribuyeron con inumerables acompañamientos, la Escuela Ceciliana moderna ha trabajado intensamente con el Magnificat, tanto como un cántico separado, como con una parte de los números en las Vísperas Completas de muchas fiestas. En los servicios anglicanos, el Magnificat recibe un tratamiento musical que no es diferente de aquellos acordados para otros cánticos y por lo tanto, bastante disímil de las Vísperas católicas en las cuales el mayor tiempo usado para esparcir el incienso ante el altar, permite una mejor elaboración musical. Una mirada a través de las páginas del catálogo de Novello, de “Servicios” nos lleva a estimar que una única casa editora ha realizado una cantidad por encima de los mil acompañamientos musicales para el Magnificat para los servicios anglicanos. En total, la opinión de Krebbiel es que a este cántico “ probablemente se le ha puesto música con mucha mayor frecuencia que a cualquier himno en la liturgia” es una afirmación que parece que refleja completamente la realidad.

Fuente: Enciclopedia Católica. Aci Prensa

Himno

La Virgen santa, grávida del Verbo, en alas del Espíritu camina; la Madre que lleva la Palabra, de amor movida, sale de vista.

Y sienten las montañas silenciosas, y el mundo entero en sus entrañas vivas, que al paso de la Virgen ha llegado el anunciado gozo del Mesías.

Alborozado Juan por su Señor, en el seno, feliz se regocija, y por nosotros rinde el homenaje y al Hijo santo da la bienvenida.

Bendito en la morada sempiterna aquel que tu llevaste, Peregrina, aquel que con el Padre y el Espíritu, al bendecirte a ti nos bendecía.

Amén.


Himno: Y salte el pequeño Juan

Y salte el pequeño Juan
en el seno de Isabel.
Duerme en el tuyo Jesús.
Todos se salvan por él.

Cuando el ángel se alejó,
María salió al camino.
Dios ya estaba entre los hombres.
¿Cómo tenerle escondido?

Ya la semilla de Dios
crecía en su blando seno.
Y un apóstol no es apóstol
si no es también mensajero.

Llevaba a Dios en su entraña
como una preeucaristía.
¡Ah, qué procesión del Corpus
la que se inició aquel día!

Y, al saludar a su prima,
Juan en el seno saltó.
Que Jesús tenía prisa
de empezar su salvación.

Desde entonces, quien te mira
siente el corazón saltar.
Sigues salvando, Señora,
a quien te logre encontrar.


Oración

Dios todopoderoso, tu que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Fuente: Aci Prensa

Esposa de Zacarías y madre de San Juan el Bautista, fue “de las hijas de Aarón” (Lucas 1:5), y, al mismo tiempo, pariente de María (Lucas 1:36), aunque su relación fue y es desconocida. San Hipólito (en Niceph. Call., Hist. Eccles., II, iii) explican que Sobe y Ana, sus madres fueron hermanas, y que Sobe era casada con “un hijo de Levi”. Si esta indicación, probablemente extraída de algún escrito apócrifo, y luego adoptado por los compiladores del Menologium Griego, es correcta, no puede ser comprobada. Isabel, como Zacarías, fueron “justos ante Dios, siguiendo todos los mandatos y justificaciones del Señor sin falta” (Lucas 1:6). Ella era infértil, sin embargo, por las bendiciones a su maternidad, a una edad avanzada, un hijo le fue prometido por el Ángel Gabriel (Lucas 1:8-20). Cuando, cinco meses después, Isabel recibió la visita de la Virgen María, no solo fue su hijo santificado en su vientre, ella misma fue iluminada desde lo alto para saludar a su pariente como “madre de mi Señor” (Lucas 1:43). Según algunos críticos modernos, podemos atribuirle a ella el cántico del “Magnifica”. Luego del nacimiento y circuncisión de Juan el Bautista, los Evangelios ya no mencionan más a Isabel. Su fiesta es celebrada el 8 de Septiembre en Grecia, y el 5 de Noviembre en la Iglesia Latina.

CHARLES L. SOUVAY
Transcrito por Christine J. Murray
Dedicado a mi madre, Wanetta Bessie Murria
Traducido por Esteban Philipps

Fuente: Enciclopedia Católica. Aci Prensa

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Amen.

Fuente: Aci Prensa

Luego que María Santísima oyó del ángel Gabriel que su prima Isabel también esperaba un hijo, sintióse iluminada por el Espíritu Santo y comprendió que debería ir a visitar a aquella familia y ayudarles y llevarles las gracias y bendiciones del Hijo de Dios que se había encarnado en Ella. San Ambrosio anota que fue María la que se adelantó a saludar a Isabel puesto que es la Virgen María la que siempre se adelanta a dar demostraciones de cariño a quienes ama.

Por medio de la visita de María llevó Jesús a aquel hogar muchos favores y gracias: el Espíritu Santo a Isabel, la alegría a Juan, el don de Profecía, etc, los cuales constituyen los primeros favores que nosotros conocemos que haya hecho en la tierra el Hijo de Dios encarnado. San Bernardo señala aquí que desde entonces María quedó constituida como un "Canal inmenso" por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones.

Además, nuestra Madre María recibió el mensaje más importante que Dios ha enviado a la tierra: el de la Encarnación del Redentor en el mundo, y en seguida se fue a prestar servicios humildes a su prima Isabel. No fue como reina y señora sino como sierva humilde y fraterna, siempre dispuesta a atender a todos que la necesitan.

Este fue el primero de los numerosos viajes de María a ayudar a los demás. Hasta el final de la vida en el mundo, Ella estará siempre viajando para prestar auxilios a quienes lo estén necesitando. También fue la primera marcha misionera de María, ya que ella fue a llevar a Jesús a que bendijera a otros, obra de amor que sigue realizando a cada día y cada hora. Finalmente, Jesús empleó a su Madre para santificar a Juan Bautista y ahora ella sigue siendo el medio por el cual Jesús nos santifica a cada uno de nosotros que somos también hijos de su Santa Madre.

 
 

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