En el Tiempo de Cuaresma es constante la llamada a la conversión y a la reconciliación. Amabas actitudes significan abandonar el pecado.

Convertirse es dejarse mirar por Dios y saberse bajo su mirada. Cuando esto sucede, el alma se ilumina, y en el espacio interior, a la vez que se siente la atracción de la luz, se descubre la propia pobreza, debilidad y pecado, y surge la reacción humilde de la súplica del perdón.

 
 

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