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21 Agosto 11 - Fuente: Jorge Juan Fernández Sangrador

Santa Teresa de Jesús refiere en el «Libro de la Vida» que, abrasada en amor a causa del dardo encendido que un ángel le introducía en el corazón, hasta penetrar en las entrañas, no deseaba otra cosa que vivir siempre en ese estado, pues nada podía satisfacerla ya ni colmar sus deseos de infinitud. «No se contenta el alma con menos que Dios», dejó escrito la santa.

 

Benedicto XVI, en la vigilia de oración que presidió ayer en el Aeródromo de Cuatro Vientos, dijo a los jóvenes: «No os conforméis con menos que la Verdad y el Amor. No os conforméis con menos que Cristo». Ya el domingo 14 de agosto, después del rezo del Ángelus, y refiriéndose a la JMJ de Madrid, el Papa había dicho a los peregrinos congregados en Castel Gandolfo: «Reconozcamos a Dios como la fuente y la plenitud de la felicidad a la que aspiramos». El jueves pasado, al dirigirse por primera vez a los jóvenes, reunidos en la Plaza de Cibeles para dar la bienvenida al Sumo Pontífice, éste los invitó a «buscar sobre todo la Verdad, que no es una idea, una ideología o un eslogan, sino una persona: Cristo». El viernes, en El Escorial, ante un entusiasmado auditorio, compuesto por profesores universitarios, Benedicto XVI señaló que el camino hacia la verdad es «un camino de la inteligencia y del amor». Y añadió: «No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad. Pues no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor».

Ayer, en la vigilia de oración en Cuatro Vientos, el Papa explicó a los jóvenes que la fe –que no se opone a sus más altos ideales, sino que los exalta y perfecciona– no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo, al que han de abrir su corazón con amor, alegría, fidelidad, valentía y generosidad. «Permaneced en su amor», les ha dicho el Sucesor de Pedro. El Papa entrega con esta secuencia de pensamientos, compartidos con los jóvenes en los sucesivos encuentros mantenidos con ellos durante su estancia en España, un espléndido magisterio: el que busca con amor la verdad se encontrará con Cristo.

En estos días inolvidables de la JMJ madrileña, miles de jóvenes han coreado por las calles de la Villa y Corte que ellos son «la juventud del Papa». Y uno se pregunta qué es lo que pretenden decir realmente cuando se definen de esa manera. Benedicto XVI lo ha formulado, en la vigilia de oración, con palabras certeras que evocan la más honda religiosidad española: la juventud del Papa es aquella que no se conforma con menos que Cristo, que no se contenta con menos que Dios.

 


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